El arte, por los suelos
Lo que empezó con una plantilla de una bici que era plasmada mediante espray en el suelo de Montreal para pedir más carriles para bicicletas, acabó por convertirse en un nuevo ejemplo de arte urbano que predica el ejemplo del activismo cultural. Y, de paso, en un proyecto de arte, subversivo e irresistible para la mirada.
El sello a priori anónimo que firmó las intervenciones era Roadsworth, y decimos a priori anónimo porque así fue hasta que su autor, Peter Gibson, fue condenado a pagar una multa y a realizar trabajos comunitarios. Pero como lo que no mata engorda, Peter aprovechó para poner en marcha la máquina de la promoción a través de la campaña “save Roadsworth” por la que volvió al trabajo, a la sátira en el asfalto canadiense y, por extensión, a la crítica a la sociedad de la prisa, del no tengo tiempo, del exagerado individualismo y del exacerbado consumo.










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