2010.02.09 ESTAS POCAS PALABRAS
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Te ofrezco (míralas)
estas pocas palabras
igual que un sacrificio
ante el altar de un dios.
Manuel Ángel Vázquez Medel

Te ofrezco (míralas)
estas pocas palabras
igual que un sacrificio
ante el altar de un dios.
Manuel Ángel Vázquez Medel
NEGRO SOBRE BLANCO
HAY nieve sobre el campo en la frontera.
Así la imaginaste.
El cuerpo late aprisa.
Salta el cuervo.
Más allá, Budapest nos espera.
Manuel Ángel Vázquez Medel
LAOCOONTE
HA pintado el Bramante
un mirador de piedra
sobre el cielo de Roma.
Un globo destrozado lo contempla
frente a pavos reales
y piñas ostentosas.
Esa enorme cabeza
acompaña en silencio
el tránsito de Febo hacia su fosa:
la mirada vacía de lo inerte.
Tres Gracias
caminan sigilosas
al encuentro del padre Laocoonte,
para siempre perdido…
Laocoonte no puede
liberar a sus hijos
de la sierpe inexorable del destino.
Manuel Ángel Vázquez Medel

No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera. Proverbio chino

EL FIN DE PROMETEO
Guardaba la palabra, como fuego,
en una cañaheja, pero luego
el que todo lo mira y todo escruta
me condenó a morir, junto a una gruta,
mas sin morir, por siempre encadenado.
Han pasado los siglos, y el cuidado
de quienes son la causa de mi pena
desvanecióse. Queda mi condena.
No pude ver entonces mal tamaño:
no padeciera -si lo viera- el daño
que a cada instante sufre esta no-vida:
maldigo aquella brizna que, encendida,
fuera al hombre la causa de sus bienes
y a mí de mis desdichas y desdenes.
No es el dolor del pecho devorado
la causa de sentirme fracasado;
es lo inútil de aquel vacío empeño:
querer que el hombre no tuviera dueño,
que nunca más de nadie fuera esclavo.
Y en este sinvivir yo me socavo:
como un lobo es el hombre para el hombre;
como un vacío el nombre para el nombre,
un abismo la luz de la palabra.
¡Venga el águila aquí!¡Que venga y abra
esta carne! ¡Que apenas se ha cerrado!
Vuelva el pico a rasgar -ya no hay cuidado-
para siempre el vacío en esta entraña.
Que me den hiel al filo de una caña,
que acabe aquella lanza con mi pecho
y que pueda decir: todo está hecho
…y en tus manos -¡qué abandono terrible!-
…y en tus manos… -me parece imposible-
encomiendo mi espíritu.

Cada brizna de hierba languidece
ante el sol de la tarde:
todo está en calma.
Manuel Ángel Vázquez Medel
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