2009.06.25 “Al atardecer de la vida nos examinarán del amor …” Juan de la Cruz0 comentarios / ¡comenta!

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“Al atardecer de la vida nos examinarán del amor …” Juan de la Cruz

Juan de Yepes Álvarez, Juan de la Cruz es una de las cimas de la poesía universal de todos los tiempos, y de los creadores que una más intensa influencia ha ejercido sobre la poesía posterior. Es, desde 1952, patrono de los poetas en lengua española.

Nacido de una familia pobre, “pobre de solemnidad”, circunstancia que incluso se refleja en su escasa corpulencia, Juan de Yepes fue un hombre inteligente y sensible, profundamente cristiano, que encontró en Teresa de la Cruz y su proyecto de reforma de los carmelitas descalzos la respuesta a su búsqueda de la radicalidad. Ello le trajo consigo la cárcel, la persecución, el rechazo… E incluso, tras su muerte, ha tenido que ver violentada su creación, llena de amor humano hasta sus propios límites, con interpretaciones que intentan llevar sus palabras al seno de una ortodoxia en la que no pueden quedar encorsetadas.

Juan de la Cruz, como Agustín de Hipona, como Francisco de Asís, está convencido de que nada hay, puede haber por encima del amor. Un amor que no puede quedar sólo reducido a palabras y declaraciones, sino que tiene que ser encarnado en nuestras obras, en nuestras actuaciones, muy especialmente con quienes más lo necesitan. Por ello cree que seremos examinados del amor que hemos realizado en nuestras vidas, y que es esto lo que le dará o no sentido y plenitud.

Juan de la Cruz conectó profundamente con el sentido amoroso del Cantar de los cantares, pero fue capaz de llevarlo aún más lejos, a esos límites que sólo pueden ser alcanzados por la poesía, la mística y el erotismo, según dijera Octavio Paz, y según realizara simultáneamente nuestro poeta. En el Cantico Espiritual de Juan de la Cruz confluyen muchas tradiciones, desde la bíblica a la petrarquista, pasando por a rica imaginería de la mística sufi, y por ello se convierte en el poema amoroso más elevado y universal que nunca se haya escrito.

Ofrecemos, a continuación, la ya casi mítica interpretación de 1977 de Amancio Prada (hay otras posteriores), así como la peculiar inspiración de Loreena McKennitt de “La noche oscura del alma”.

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Cántico espiritual

Canciones entre el alma y el esposo

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Esposa:

¿Adónde te escondiste,

amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido;

salí tras ti, clamando, y eras ido. 5

Pastores, los que fuerdes

allá, por las majadas, al otero,

si por ventura vierdes

aquél que yo más quiero,

decidle que adolezco, peno y muero. 10

Buscando mis amores,

iré por esos montes y riberas;

ni cogeré las flores,

ni temeré las fieras,

y pasaré los fuertes y fronteras. 15

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(Pregunta a las Criaturas)

¡Oh bosques y espesuras,

plantadas por la mano del amado!

¡Oh prado de verduras,

de flores esmaltado,

decid si por vosotros ha pasado! 20

(Respuesta de las Criaturas)

Mil gracias derramando,

pasó por estos sotos con presura,

y yéndolos mirando,

con sola su figura

vestidos los dejó de hermosura. 25

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Esposa:

¡Ay, quién podrá sanarme!

Acaba de entregarte ya de vero;

no quieras enviarme

de hoy más ya mensajero,

que no saben decirme lo que quiero. 30

Y todos cantos vagan,

de ti me van mil gracias refiriendo.

Y todos más me llagan,

y déjame muriendo

un no sé qué que quedan balbuciendo. 35

Mas ¿cómo perseveras,

oh vida, no viviendo donde vives,

y haciendo, porque mueras,

las flechas que recibes,

de lo que del amado en ti concibes? 40

¿Por qué, pues has llagado

aqueste corazón, no le sanaste?

Y pues me le has robado,

¿por qué así le dejaste,

y no tomas el robo que robaste? 45

Apaga mis enojos,

pues que ninguno basta a deshacellos,

y véante mis ojos,

pues eres lumbre dellos,

y sólo para ti quiero tenellos. 50

¡Oh cristalina fuente,

si en esos tus semblantes plateados,

formases de repente

los ojos deseados,

que tengo en mis entrañas dibujados! 55

¡Apártalos, amado,

que voy de vuelo!

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Esposo:

Vuélvete, paloma,

que el ciervo vulnerado

por el otero asoma,

al aire de tu vuelo, y fresco toma. 60

Esposa:

¡Mi amado, las montañas,

los valles solitarios nemorosos,

las ínsulas extrañas,

los ríos sonorosos,

el silbo de los aires amorosos; 65

la noche sosegada,

en par de los levantes de la aurora,

la música callada,

la soledad sonora,

la cena que recrea y enamora; 70

nuestro lecho florido,

de cuevas de leones enlazado,

en púrpura tendido,

de paz edificado,

de mil escudos de oro coronado! 75

A zaga de tu huella,

las jóvenes discurran al camino;

al toque de centella,

al adobado vino,

emisiones de bálsamo divino. 80

En la interior bodega

de mi amado bebí, y cuando salía,

por toda aquesta vega,

ya cosa no sabía

y el ganado perdí que antes seguía. 85

Allí me dio su pecho,

allí me enseñó ciencia muy sabrosa,

y yo le di de hecho

a mí, sin dejar cosa;

allí le prometí de ser su esposa. 90

Mi alma se ha empleado,

y todo mi caudal, en su servicio;

ya no guardo ganado,

ni ya tengo otro oficio,

que ya sólo en amar es mi ejercicio. 95

Pues ya si en el ejido

de hoy más no fuere vista ni hallada,

diréis que me he perdido;

que andando enamorada,

me hice perdidiza, y fui ganada. 100

De flores y esmeraldas,

en las frescas mañanas escogidas,

haremos las guirnaldas

en tu amor florecidas,

y en un cabello mío entretejidas: 105

en sólo aquel cabello

que en mi cuello volar consideraste;

mirástele en mi cuello,

y en él preso quedaste,

y en uno de mis ojos te llagaste. 110

Cuando tú me mirabas,

tu gracia en mí tus ojos imprimían;

por eso me adamabas,

y en eso merecían

los míos adorar lo que en ti vían. 115

No quieras despreciarme,

que si color moreno en mí hallaste,

ya bien puedes mirarme,

después que me miraste,

que gracia y hermosura en mí dejaste. 120

Cogednos las raposas,

que está ya florecida nuestra viña,

en tanto que de rosas

hacemos una piña,

y no parezca nadie en la montiña. 125

Detente, cierzo muerto;

ven, austro, que recuerdas los amores,

aspira por mi huerto,

y corran sus olores,

y pacerá el amado entre las flores. 130

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Esposo:

Entrado se ha la esposa

en el ameno huerto deseado,

y a su sabor reposa,

el cuello reclinado

sobres los dulces brazos del amado. 135

Debajo del manzano,

allí conmigo fuiste desposada,

allí te di al mano,

y fuiste reparada

donde tu madre fuera violada. 140

O vos, aves ligeras,

leones, ciervos, gamos saltadores,

montes, valles, riberas,

aguas, aires, ardores

y miedos de las noches veladores, 145

por las amenas liras

y canto de serenas os conjuro

que cesen vuestras iras

y no toquéis al muro,

porque la esposa duerma más seguro. 150

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Esposa:

Oh ninfas de Judea,

en tanto que en las flores y rosales

el ámbar perfumea,

morá en los arrabales,

y no queráis tocar nuestros umbrales. 155

Escóndete, carillo,

y mira con tu haz a las montañas,

y no quieras decillo;

mas mira las compañas

de la que va por ínsulas extrañas. 160

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Esposo:

La blanca palomica

al arca con el ramo se ha tornado,

y ya la tortolica

al socio deseado

en las riberas verdes ha hallado. 165

En soledad vivía,

y en soledad he puesto ya su nido,

y en soledad la guía

a solas su querido,

también en soledad de amor herido. 170

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Esposa:

Gocémonos, amado,

y vámonos a ver en tu hermosura

al monte o al collado

do mana el agua pura;

entremos más adentro en la espesura. 175

Y luego a las subidas

cavernas de la piedra nos iremos,

que están bien escondidas,

y allí nos entraremos,

y el mosto de granadas gustaremos. 180

Allí me mostrarías

aquello que mi alma pretendía,

y luego me darías

allí tú, vida mía,

aquello que me diste el otro día: 185

el aspirar del aire,

el canto de la dulce filomena,

el soto y su donaire,

en la noche serena

con llama que consume y no da pena; 190

que nadie lo miraba,

Aminadab tampoco parecía,

y el cerco sosegaba,

y la caballería

a vista de las aguas descendía. 195

Versión de “La noche oscura del alma”, The Dark Night Of The Soul por Loreena McKennitt

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Upon a darkened night
the flame of love was burning in my breast
And by a lantern bright
I fled my house while all in quiet rest
Shrouded by the night
And by the secret stair I quickly fled
The veil concealed my eyes
while all within lay quiet as the dead
CHORUS
Oh night thou was my guide
of night more loving than the rising sun
Oh night that joined the lover
to the beloved one
transforming each of them into the other
Upon that misty night
in secrecy, beyond such mortal sight
Without a guide or light
than that which burned so deeply in my heart
That fire t’was led me on
and shone more bright than of the midday sun
To where he waited still
it was a place where no one else could come
CHORUS
Within my pounding heart
which kept itself entirely for him
He fell into his sleep
beneath the cedars all my love I gave
From o’er the fortress walls
the wind would his hair against his brow
And with its smoothest hand
caressed my every sense it would allow
CHORUS
I lost myself to him
and laid my face upon my lover’s breast
And care and grief grew dim
as in the morning’s mist became the light
There they dimmed amongst the lilies fair
there they dimmed amongst the lilies fair
there they dimmed amongst the lilies fair

Loreena McKennitt The Dark Night Of The Soul lyrics

Sobre Manuel Ángel Vázquez Medel
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