2009.10.16 “El idiota, hoy en día, desde su total falta de reconocimiento del otro y de los valores de la solidaridad, amenaza con destruirse a sí mismo y con llevar a la catástrofe a todo su mundo. Que naturalmente también es el nuestro”. Massimo Cacciari
“El idiota, hoy en día, desde su total falta de reconocimiento del otro y de los valores de la solidaridad, amenaza con destruirse a sí mismo y con llevar a la catástrofe a todo su mundo. Que naturalmente también es el nuestro”. Massimo Cacciari
Nacido en Venecia en 1944, Massimo Cacciari realizó sus estudios en la Universidad de Padua, graduándose en Estética con una tesis sobre Kant. Ha sido profesor de Estética en el Instituto de Arquitectura de la Universidad de Venecia y director de revistas como Angelus Novus, Contropiano, Lavoratorio politico y Paradosso. Encargado de la edición italiana de autores como Hartmann, Hofmannsthal, Simmel o Luckács, ha escrito también textos para la ópera Prometeo de Luigi Nono. En la década de los setenta inicia una fecunda carrera política en su país, que le lleva a ser diputado nacional por el Partido Comunista durante dos períodos (1976-1983) y a desempeñar la Alcaldía de su ciudad natal desde fines de 1993 por el Partido Democrático de Izquierda (PDS).
De su bibliografía, extensa y rica, pueden dar una idea los siguientes títulos: Piano economico e composizione di classe (1975), Pensiero negativo e razionalizzazione (1977), Krisis. Saggio sulla crisi del pensiero negativo da Nietzsche a Wittgenstein (1976; traducción española en 1982: Krisis. Ensayo sobre el pensamiento negativo de Nietzsche a Wittgenstein), Crucialitá del tempo (1980), Dallo Steinhof (1980; traducción española de Francisco Jarauta: Hombres Póstumos, 1989), Icone della Legge (1985), L’Angelo necessario (1986; traducción española: El ángel necesario, 1989), Dell’Inizio (1990), Architecture and Nihilism (1993), Desde Nietzsche. Tiempo, arte, política (1994), Quid Tum (1994), etc.
Cacciari es uno de los intelectuales europeos más interesantes. Sus ideas sobre ética y estetica, nada convencionales, y sí muy bien fundadas tanto desde la reflexión como desde la praxis, son interesantes puntos de partida para la construcción de la nueva ética planetaria que necesitamos con urgencia. Así, por ejemplo, no duda en formular, con resonancias teológicas, pero desde bases respetuosamente laicas, principios como el siguiente: “Yo debo asumir dentro de mí el rostro del otro que sufre: es esto lo que significa tener compasión”. Una solidaridad como compasión y como inteligencia del sufrimiento de los otros es la base para la nueva humanidad. Pero Cacciari reclama una solidaridad no sólo inmediatista, sino inteligente, fundada en el amor intellectualis.
Habla Cacciari de una revolución antropológica, que admite “que nuestra condición de ser nosotros mismos es tener al otro en nosotros (…) la relación con el otro está ontológicamente fundamentada, sustraída a toda causalidad, y es necesaria”. Lo contrario de todo ello es la actitud del idiota (ya Norbert Bilbeny habló adecuadamente del “idiota moral”): “el idiota lo es porque en último término no conoce realmente su propio interés”. Que es siempre -añadimos ahora- el interés de los otros.
Cacciari aporta algo muy valioso a nuestra reflexión sobre solidaridad: “Éste es el fundamento trascendental de toda idea de solidaridad: mi socius esencial, es decir yo mismo, es otro. Yo no soy un simple yo, un yo indivisible, un yo individual. En mí hay una sociedad de individuos que se necesitan el uno al otro, que se dividen entre sí, que se hacen la guerra y la paz entre sí. No puedo ignorar al otro porque yo “soy” el otro, porque yo me soy extranjero (…) Esta relación de alteridad con otro fuera de mí es posible trascendentalmente, porque el otro es mi socio esencial, aquél del que no puedo separarme -yo mismo”.
MASSIMO CACCIARI – CARLO MARIA MARTINI: Diálogo sobre la solidaridad. Herder, Barcelona, 1997.






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Víctor Bermúdez
Hola Miguel Ángel.
Gracias por el interesante apunte de Cacciari. Estoy absolutamente convencido de que trascender la idiotez supone comprender que en la identidad con todo lo aparentemente otro (la naturaleza, los demás…) reside el propio interés. La búsqueda de unión, el amor (la comprensión, que es el amor más profundo), el reconocer lo extraño como entraño, todo eso es lo que nos hace crecer y recuperar la integridad que nos debemos. Cierto. Ahora seamos consecuentes. Perdámosle el respeto (quiero decir, el miedo) a la diferencia. Abandonemos todos los prejuicios dualistas que bloquean este impulso erótico en pos de la identidad. ¿Vamos, por ejemplo, a buscar la identidad con el otro sin haberla conquistado en nosotros mismos? (¿Seguimos pensando que hay barreras insalvables entre lo racional y lo volitivo, entre la lógica y la emoción, entre la razón y la sensibilidad?..). ¿Vamos a buscar la comprensión del otro, a emprender un diálogo serio sin asumir antes que TODO es comprensible y susceptible de asumir la forma del “logos”? (¿Vamos a seguir manteniendo la diferencia entre lo racional y lo irracional, entre la lógica y los hechos, entre la sintaxis y la semántica, entre la matemática y la poesía?..) ¿Sería posible, tendría sentido buscar la identidad si nuestro amoroso empeño no fuera el motor mismo del mundo? (¿Seguiremos pensando en la realidad en términos de lo Uno y lo otro, la forma y la materia, las ideas y las cosas?..). Y, ante todo: ¿será posible soñar siquiera un mundo en que reine la justicia y la solidaridad mientras mantengamos los prejuicios que distinguen lo lógico de lo bueno (y lo bello), la física de la ética, lo público de lo privado, la política de la moral… Si no cabe hacer ciencia de lo valioso, si seguimos relegándolo a la esfera de lo puramente volitivo o emotivo, y al ámbito de la sagrada e inviolable intimidad, entonces no hay esperanza ni posibilidad ninguna para lo que proponemos. Salvo esperar, como milagro, un estallido espontáneo de simpatía universal (si es que antes no estallan otras creencias, no menos ciegas pero sí más peligrosas). Un abrazo.
17 Octubre 2009
Respuesta a “2009.10.16 “El idiota, hoy en día, desde su total falta de reconocimiento del otro y de los valores de la solidaridad, amenaza con destruirse a sí mismo y con llevar a la catástrofe a todo su mundo. Que naturalmente también es el nuestro”. Massimo Cacciari”