FRANCISCO AYALA, VIVO EN NUESTROS CORAZONES Y EN SU PALABRA0 comentarios / ¡comenta!


Hoy, 16 de marzo, Francisco Ayala hubiera cumplido 104 años. En la Biblioteca Nacional se le rinde un merecido homenaje.

Reproducimos en memoria de D. Francisco, su Discurso con ocasión del Premio Cervantes de Literatura:


Discurso

Por una coincidencia que no sabría cómo calificar, el mismo día en que se me otorgaba este galardón tan preciado y honroso que hoy recibo, me encontraba postrado a las puertas de la muerte. En versiones varias, corre por el mundo una leyenda folklórica según la cual, un moribundo obtiene por gracia especialísima un aplazamiento en el último trance, para que entre tanto pueda llevar a cabo aquello que su imprevisión le había hecho descuidar. Con implícita ironía, pretende la leyenda que casi siempre, al cumplirse el término prescrito, y una vez agotado ya el plazo, la tarea siga inconclusa, de modo que todo haya sido en vano. En mi caso, si en tal caso me pongo, una al menos de mis obligaciones pendientes queda solventada en este acto de hoy: la de hallarme aquí presente para recibir de tan suprema instancia el premio que tanto agradezco, y explicar de paso alguna de las particularísimas razones por la que debo estimarlo en el más alto grado.

Aunque, si bien se considera, tal explicación resulta innecesaria. ¿Cómo hubiera podido ser de otra manera? Para empezar, la advocación de Cervantes tenía que tener una resonancia de intensa simpatía en quien, como yo, ha dedicado muchas horas de su larga vida, y llenado muchas páginas, en continua aplicación al estudio de su obra; y, sobre todo, para un autor de ficciones literarias que, no menos que cualquier escritor de invenciones tales, ha debido moverse dentro del ámbito espiritual y trabajar mediante los recursos técnicos que, para universal magisterio, estableciera el autor del Quijote.

Esto, como digo, por cuanto significa para mí el premio que invoca su nombre. Pero es que éste -el premio mismo tal cual se encuentra instituido- presenta además rasgos peculiares que a juicio mío le prestan un carácter de especial relieve. He afirmado a veces, en conformidad con otros colegas, que la patria del escritor es su idioma. Pues bien, el Premio Miguel de Cervantes está dedicado a destacar los méritos de quienes cultivan las letras en lengua castellana, cualquiera sea la ciudadanía civil de cada uno. Queda reconocida y sustantivada así la comunidad cultural cuya base sólida es el idioma, sobreponiéndose a los muchos equívocos ocasionados por la historia política del pasado siglo, cuando la ideología nacionalista, instrumento intelectual de que en su día se sirvieron los movimientos americanos de independencia, llevó a involucrar la creación poética con los sentimientos e intereses del patriotismo local. Pero los azares de la política, por mucho que apremien y condicionen y apasionen, no llegan sin embargo a erosionar seriamente el suelo firme de una comunidad idiomática.

Por lo demás -y éste es otro acierto complementario-, la administración del Premio ha sabido hacerse cargo sin embargo de lo arraigadas que todavía siguen estando confusiones tales de lo literario con lo político, y ha establecido sutilmente en consecuencia una especie de turno informal entre escritores nacidos a una u otra orilla del Atlántico, entre escritores españoles y escritores hispanoamericanos. Sería inoportuno, y por lo demás ocioso, discurrir ahora acerca del alcance y de la cuestionable validez de diferenciaciones tales, pero sí parece loable desde luego la discreción de haberlas tenido en cuenta.

Por cuanto a mí personalmente concierne, podría preguntarme, si hubieran de darse por válidas esas categorías, a cuál de ellas debo pertenecer yo -cuestión que en términos diversos cabría plantear también alrededor de otras biografías de literatos, y cuya más adecuada respuesta quizá fuese ésta: que propiamente y de lleno, quizá no pertenezco a ninguna; pues es lo cierto que en alguna manera se encuentra uno emplazado en tierra de nadie. Nacido en Andalucía, tomé parte desde Madrid, durante la época juvenil de mi vida en los movimientos literarios de vanguardia, que se desenvolvían en estrecha correspondencia con los simultáneos de Barcelona, Buenos Aires, México y La Habana. Luego, las consecuencias de nuestra guerra civil, en la que actué como ciudadano (pero no por cierto como escritor) al lado de la República, me llevarían a reanudar mi producción literaria en varios países de América; hasta que por fin, veinte años más tarde, me fue dado reintegrarme (en puridad, casí reintegrarme) a España, el curso de cuya literatura había sido entre tanto -también a consecuencia de la guerra misma- un curso anómalo por relación al del resto de las letras castellanas. Así, una parte considerable de mi obra fue desconocida, o tardíamente reconocida, en este mi país natal, sin que aquellos críticos e historiadores que se ocupan de catalogar, ordenar y categorizar el cuerpo de la producción literaria sepan bien dónde colocar la de un escritor exiliado, cuyo nombre por lo pronto se encontraba inserto ya en los cuadros de la vanguardia española, y que por otro lado, a partir de su regreso en los años sesenta, había vuelto a hacer acto de presencia cada vez más intensa en el ambiente intelectual madrileño, pero que durante la fase intermedia (un lapso de nada menos que un cuarto de siglo) debió actuar bajo la condición ambigua de “escritor español en América”, tenido allí por propio y por ajeno a un tiempo mismo… Como bien se advierte, el intento y la práctica de encuadrar la literatura de lengua española dentro de marcos nacionales no está libre de perturbadoras dificultades. Por eso me parece muy laudable el hecho de que el Estado español mantenga, como mantiene, premios para galardonar obras literarias de sus ciudadanos escritas en cualquiera de los idiomas reconocidos como oficiales dentro del ámbito peninsular, pero que al mismo tiempo haya instituido también, bajo la advocación de Cervantes, este Premio singular que contempla el panorama entero de las letras castellanas, cualquiera sea la ciudadanía del escritor, un premio extendido, pues, a la gran patria espiritual que tantos pueblos comparten.

El que este hermoso y preciadísimo galardón me sea entregado en el presente año, cuando se está celebrando el Quinto Centenario del Descubrimiento de América, es circunstancia que añade a mis conmovidos sentimientos, junto al de una profunda gratitud por verme así tan honrado en mi país natal, también otro sentimiento que reafirma mi afinidad profunda con aquel mundo nuevo, con ese continente del que era nativa la madre de mi hija y donde había de nacer nuestra nieta; con la América fabulosa adonde Miguel de Cervantes intentó ir sin que su deseo pudiera verse cumplido.

Comencé refiriéndome a lo mucho que como escritor debo a Cervantes. Ya en la infancia, cuando apenas podía entender el significado de muchas de sus palabras, leí el Quijote y para escándalo de quienes pudieran oírme incorporé a mi vocabulario algunas de esas palabras, entonces malsonantes, cuyo significado ignoraba; más tarde, escritor novicio ya, los críticos lectores de mi primera novela pudieron señalar en ella algo que era bastante obvio: los ecos inconfundibles del Quijote; y por fin, ahora, escritor valetudinario, he dedicado mi última prosa, todavía inédita, a comentar y en alguna manera recrear cierto maravilloso pasaje del Quijote, el del encuentro de su protagonista con un caballero granadino. Todavía, en la presente ocasión, cuando debo recibir y agradecer el premio Cervantes, quisiera remitirme una vez más con breves palabras a otro pasaje del Libro fundamental. Es uno de esos episodios donde con arte único se mezclan en increíble mixtura el patetismo y la comicidad. Me refiero al capítulo que relata cómo las personas afectas a don Quijote han decidido, entre su primera y su segunda salida, expurgar piadosamente la biblioteca del hidalgo para quemar los malditos libros de caballerías. Después de haberlo hecho, tapiarán la pieza donde se guardaban, “porque cuando se levantase no los hallase”; y en efecto, “de allí a dos días levantóse don Quijote, y lo primero que hizo fue ir a ver sus libros: y como no hallaba el aposento donde le había dejado, andaba de una en otra parte buscándole. Llegaba a donde solía tener la puerta, y tentábala con las manos, y volvía y revolvía los ojos por todo, sin decir palabra … “.Mucho se ha especulado alrededor del significado que en la secreta intención del autor pudiera encerrar el famoso escrutinio y quema de los libros. Sin necesidad de entrar en la cuestión, y dejándola aparte para atenerme a la mera y directa lectura del episodio, me parece a mí que esa búsqueda silenciosa de la condenada puerta es más penosa que todos los descalabros sufridos por el caballero en sus aventuras; que esa bien intencionada acción de quienes bien lo quieren, al prohibirle el acceso al lugar de la lectura, resulta más cruel que cuantos escarnios le fueron infligidos, pues cierra el paso al campo de la libre imaginación, al que se supone no pueden ponérsela puertas. La imagen de don Quijote tentando en vano el ciego muro que veda la entrada al paraíso de su fantasía me ha resultado, siempre que he vuelto a ella, patética en el más alto grado.

Ese pasaje del Quijote hace pensar desde luego en las condenaciones, trabas y vetos que tradicionalmente han solido imponer quienes se consideran autorizados para proteger al prójimo de los supuestos peligros de la lectura; pero hoy, cuando dichas restricciones pueden darse por desaparecidas en la sociedad actual, otros nuevos obstáculos, y de eficacia tanto mayor al no ser de índole coactiva, nos amenazan. Aludo, claro está, al progreso pujante e irresistible de los medios de comunicación audiovisual, cuyos servicios han sustituido, tanto para la información como para la recreación de las grandes masas, al recurso de la palabra escrita. Por su causa, las gentes abandonan la práctica de la lectura, y pierden la costumbre de sentarse con un libro en la mano para ejercitar la mente y cultivar la imaginación interpretando su contenido. Y así, el centro de la autoridad idiomática se desplaza desde la letra impresa hacia posiciones desde donde se difunde una oralidad desaliñada, regida por criterios de urgencia.

Creo oportuno, cuando nos hallamos reunidos para honrar la memoria de Cervantes, insistir sobre las indispensables virtudes del ejercicio literario, que no consiste tan sólo en escribir, sino también, por supuesto, en leer. La solemnidad de este acto, presidido por los reyes de España, en el que cada año se selecciona a un cultivador de las letras castellanas para distinguirlo de manera particular, constituye una reiterada afirmación del valor de la literatura misma, y sin duda contribuye de manera muy resuelta a darle el prestigio social que tanto necesita cuando diversos rasgos de la realidad contemporánea muestran una tendencia a descuidar su estudio y a desestimar su importancia. Este año ha sido a mí a quien le ha tocado agradecer en nombre de todos esto que considero un servicio inestimable a la cultura general. Muchas gracias, pues, Majestades; muchas gracias, señores y amigos.

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CINE, FLAMENCO Y GÉNERO AUDIOVISUAL. Enunciación de lo trágico en las películas musicales de Carlos Saura0 comentarios / ¡comenta!

Autor: Pedro Javier Millán Barroso. Título: Cine, flamenco y género audiovisual. Enunciación de lo trágico en las películas musicales de Carlos Saura. Colección: Alfar Universidad, 160. Páginas: 432 páginas. Formato: 15,5 x 22 cms. Encuadernación: Rústica. I.S.B.N.: 978-84-7898-302-5 Dep. Leg.: SE-6197-2009. Fecha de publicación:diciembre de 2009 P.V.P. : 23,00 euros

Pedro Javier Millán Barroso, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla en el área de Comunicación Audiovisual y Publicidad y Literatura es el autor de CINE, FLAMENCO Y GÉNERO AUDIOVISUAL. Enunciación de “lo trágico” en las películas musicales de Carlos Saura.

Bajo este título se analizan las películas musicales flamencas de Carlos Saura, desde Bodas de Sangre (1981) hasta Salomé (2002), sin olvidar obligadas referencias tanto a otros filmes del mismo director y de otros cineastas señeros como a las artes con que conectan sólidamente. El autor adopta un enfoque con el que integra un repaso general a la Historia del Cine Español y a la trascendencia de Saura en él con enfoques teóricos semióticos en los que se aborda, entre otros asuntos, el problema de los géneros cinematográficos: ¿el cine saurano es musical, es documental? También se estudia la naturaleza hiperdiscursiva del cine porque es fundamental tenerla en cuenta para hablar de obras donde la música y la danza flamencas, conjugadas con la fotografía, el vestuario, la escenografía… sirven para construir historias cinematográficas.

Además todo ello se enmarca en el panorama del llamado pensamiento trágico, cuya trascendencia sociocultural en Occidente viene siendo decisiva desde la Antigüedad en el ámbito de la filosofía, de la ciencia, de la religión y, por supuesto, del arte. Lo trágico se muestra, pues, como germen que comparte posturas estéticas en principio tan dispares como la pintura de Goya, los dramas de García Lorca… y el flamenco. Saura es consciente de ello y el autor de este libro lo aborda con profundidad.

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VIAJE AL CENTRO DEL UNIVERSO TRÁGICO DE SAURA

(Nota sobre Carlos Saura: Cine musical flamenco y estética de lo trágico)

Manuel Ángel Vázquez Medel

Catedrático de Literatura y Comunicación

En un tiempo de inflación valorativa tendré que dar por descontado que, si afirmo que nos encontramos ante una investigación excepcional, el lector no entenderá exactamente lo que quiero decir. Porque lo que quiero decir es que este estudio poliédrico (hiperdiscursivo) -y a la vez, convergente- sobre el cine musical flamenco de Carlos Saura es realmente excepcional: de una calidad infrecuente entre un cúmulo de investigaciones y tesis doctorales que, en muchos casos, sólo añaden “ruido” (sea dicho en su sentido comunicacional) en el seno de una confusa (babélica, según Steiner) comunidad investigadora. Es hora ya de separar las voces de los ecos o, como diría Sokal, las verdaderas aportaciones científicas –y esta lo es- de las imposturas intelectuales.

Aquí la voz de Pedro Javier Millán Barroso suena clara y distinta desde las primeras líneas: por su solidez teórica y metodológica, por su precisión terminológica y conceptual, por su agudeza analítica y su infrecuente capacidad sintética, por su calidad expresiva… Baste una muestra que evidencia cómo en tan condensado espacio es casi imposible decir más y mejor: “un elemento recurrente de las cosmovisiones posmodernas es el espíritu trágico que, heredero de la tradición grecorromana clásica en el discurrir de la historia, se manifiesta individual y colectivamente –porque sujeto y sociedad son indisociables- e impregna cada ámbito del actual sistema sociocultural: la ciencia, el arte, la filosofía, la economía…”

La feliz conjunción de capacidad y sensibilidad para la investigación con una muy sólida y abierta formación (que equilibra lo teórico y lo aplicado, lo general y lo particular, desde una perspectiva multidisciplinar), nos ofrece un resultado sorprendente.

Por un lado, asistimos a un debate teórico en el que se afrontan con valentía arduas cuestiones que atañen, en última instancia, a la propia naturaleza y evolución del discurso fílmico, a sus complejas relaciones transdiscursivas y su canalización a través de los cauces genéricos. Para ello será necesario replantear, una vez más y siempre, aspectos esenciales como la peculiar naturaleza narratológica del discurso fílmico, dados sus modos de enunciación y la articulación de historia y discurso (especialmente, en el caso de Saura), así como sus virtualidades estéticas. Y en este diálogo de alto nivel con las principales autoridades y fuentes bibliográficas salimos enriquecidos porque encontramos respuestas y clarificación suficiente a un buen número de interrogantes, pero también porque se nos vuelven problemáticas algunas certezas que deben ser cuestionadas (especialmente en el comparatismo entre relato fílmico y relato literario).

Mención especial merece el esfuerzo por plantear, en apenas un puñado de páginas, toda la complejidad de lo trágico en occidente. De nuevo hemos de señalar el acierto en la selección de las tradiciones y autores con los que dialoga: Patxi Lanceros proporciona la fecunda idea de la herida trágica que surge como búsqueda de sentido; una búsqueda de sentido que entronca con los principios de la logoterapia de Victor Frankl, al tiempo que se señala la importancia de su naturaleza simbólica (Ernst Cassirer), inscrita en la propia realidad de la criatura humana, ser de tránsito y frontera, cuya lógica es siempre -abismal (trágicamente)- una lógica del límite (Eugenio Trías). He de agradecer aquí el uso que se hace de algunos fundamentos de la Teoría del emplazamiento que vengo desarrollando desde hace más de una década, especialmente la intuición de que ese desgarrón que supone lo trágico es consecuencia y fruto de nuestro constante vivir emplazados (pero siempre desplazados), esados (inter-esados), arrojados a la existencia, pero siempre nostálgicos del ser que somos. Si la voluntad de vida y la voluntad de sentido son las dos grandes coordenadas desde las que emerge nuestro estar en el mundo, la tensión entre una y otra y –sobre todo- el no encontrar un sentido suficiente, son la causa principal de esta conciencia de lo trágico.

Lo trágico no es, pues, algo accidental –aunque sus emergencias y manifestaciones tienen marcado carácter histórico, y se potencian radicalmente tras el fracaso de la modernidad-, sino esencial: inherente a la insuficiencia del sistema simbólico con el que queremos aprehender (“agarrar”) lo que está fuera de él, pero que –paradójicamente- se nos escapa en el mismo instante en el que surge la simbolicidad. Es muy adecuado señalar el ámbito de lo trágico en la intersección de mythos y logos: allí es donde late la voluntad de totalidad y de sentido, pero también donde emerge la carencia y la imposibilidad de su cumplimiento. El mito nos restituye –en gran medida- la unidad perdida, pero no satisface la racionalidad que el logos sí nos entrega, a cambio de escindir y separar para siempre lo que hace inteligible (y, con ello, a nosotros, en tanto que sujetos, de todo lo que se nos torna objeto, puesto o arrojado a nuestra presencia).

Es -como en efecto se señala- esta tensión de lo trágico la que escinde –y al tiempo, paradójicamente, conecta- lo inmanente (terrenal) con lo trascendente. Por ello, en última instancia, el único de los ámbitos expresivos que puede ofrecernos en todo su espesor este conflicto constitutivo de lo humano es el arte: “por ser capaz de tematizar elementos procedentes de lo mítico, de lo religioso, e incluso de lo científico, puede incorporar de éstos su soporte trágico y, si ello sucede en grado suficiente, configurar una estructura de género sobre la cual articular los textos”.

Esta comprensión del cine de Carlos Saura como un momento de esta conciencia trágica en la posmodernidad (o trans-modernidad, como prefiero decir) se enriquece más aún cuando, partiendo del concepto shopenhaueriano del mundo como voluntad y representación, se señalan como claves temáticas interdependientes de su cosmovisión el mundo como representación –que nos plantea constantemente los límites entre realidad y ficción- y la vida como relato, en la que se manifiesta la dimensión agónica del ser humano, que lucha contra fuerzas que le exceden.

Llegados a este punto se han sentado las bases para una consideración compleja y rica del discurso cinematográfico y sus dimensiones genéricas, al tiempo que se han precisado las claves de la conciencia trágica de occidente. Es ahora cuando se puede abordar adecuadamente la filmografía de Saura y su lugar en la historia del cine español, con un planteamiento extraordinariamente rico, que parte de lo historiográfico pero que lo excede. 1955 y 1975 marcan dos importantes puntos de inflexión en una obra cinematográfica en constante despliegue y evolución estilística, pero en la que se evidencia la mentalidad trágica desde sus orígenes.

A un pormenorizado análisis de las películas objeto de la investigación –Bodas de sangre, Carmen, El amor Brujo, Sevillanas, Flamenco y Salomé- se dedican los capítulos siguientes, en los que Millán Barroso despliega toda su capacidad semiótica e interpretativa. Como en dos asedios complementarios se estudia lo trágico en el musical flamenco saurano y los usos del flamenco en los relatos trágicos. Lo primero, a través de la configuración de la historia en la tríada Piedra-Gades-Saura, del discurso en los documentales Sevillanas y Flamenco, y de la convergencia histórico-discursiva de la estética trágica musical en Salomé e Iberia.

Un estudio sistemático del desarrollo argumental y de las claves de interpretación trágica de cada una de las películas desgrana –como no se había hecho hasta ahora- la virtualidad del universo estético y trágico del flamenco para dar una respuesta a las grandes preguntas a las que intenta responder la filmografía saureana de su madurez. El conocimiento de los discursos fílmicos fotograma a fotograma, de su íntima estructura, de las relaciones transdiscursivas culturales latentes, de las ambiciones estilísticas del director, de la función de la música y la danza, pero también de encuadres, iluminación, vestuario, interpretación, etc. nos lleva a esa mirada del cine como hiperdiscurso que difracta y proyecta un núcleo esencial del universo expresivo de Saura que –insistimos en ello- nunca había sido explicado con tal riqueza de matices y acierto en la captación de lo esencial.

Por una vez una monografía nos ofrece mucho más de lo que promete su ya ambicioso título pues, tras su lectura, y desde una valiente mirada semiótica muy actual (material, pragmática, hermenéutica, estética, histórico-social, transdiscursiva) sabemos más y mejor de cine, de narratología, de la herida trágica de occidente, del flamenco y sus múltiples posibilidades expresivas y –sobre todo- del cine de Carlos Saura, que –reconocidas las importantes aportaciones previas- merecía un investigador a su altura.

Coloquio Internacional “El creador y su crítica” en Lyon0 comentarios / ¡comenta!

VENDREDI 19 MARS 2010

9h00– 9 h20 Accueil – Salle des conférences de l’Instituto Cervantes de Lyon, 58, montée de Choulans, 69005 Lyon

9h20-9h40 Discours d’ouverture à l’Instituto Cervantes de Lyon M. Arturo LORENZO GONZÁLEZ, Directeur de l’Instituto Cervantes de Lyon,

M. Rogelio BLANCO, Directeur Général du Livre, des Archives et Bibliothèques d’Espagne, Ministère de la Culture Espagnol

M. André TIRAN, Président de l’Université Lumière Lyon 2,

M. Jean-Claude SEGUIN, directeur du Laboratoire de recherches LCE – Langues et Cultures Européennes,

Mme Josiane PACCAUD-HUGUET, Doyenne de la Faculté des Langues,

9h40-10h00 M. Philippe MERLO organisation de la rencontre-colloque et présentation scientifique

10h00-10h10 Pause

10h10-11h10 Claudie TERRASSON (critique) & Juan Antonio GONZALEZ FUENTES (créateur) suivi d’une discussion

11h10-11h20 Pause

11h20-12h20 Philippe MERLO (critique) & José Antonio GARRIGA VELA (créateur) suivi d’une discussion

12h20-12h30 Pause

12h30-13h30 Nélida MICHAUD (critique) & Ana MARTIN PUIGPELAT & Gracia MORALES (créateur) suivi d’une discussion

13h30-15h00 Repas à l’Instituto Cervantes de Lyon pour les intervenants

15h00-16h00 Sophie PELLISSIER (critique) & Teresa RAMON (créateur) suivi d’une discussion

19h00 Repas au Restaurant Le Comptoir des Marronniers, 8, Rue des Marronniers, 69002 Lyon, 04 72 77 10 00

SAMEDI 20 MARS 2010

9h00-9h10 Accueil – Salle des conférences de l’Instituto Cervantes de Lyon, 58, montée de Choulans, 69005 Lyon

9h10-10h10 Fabrice CORRONS (critique) & Carles BATLLE (créateur) suivi d’une discussion

10h10-10h20 Pause

10h20-11h20 Manuel Angel VAZQUEZ MEDEL (critique) & Luis GARCIA JAMBRINA (créateur) suivi d’une discussion

11h20-11h30 Pause

11h30-12h30 Emmanuelle SOUVIGNET (critique) & Pedro GARCIA MARTIN (créateur) suivi d’une discussion

12h30-12h40 Pause

12h40-13h40 Merri TORRAS (critique) & Luisgé MARTIN (créateur) suivi d’une discussion

13h40-15h00 Repas pour les intervenants à l’instituto Cervantes de Lyon

16h00 Table ronde avec les créateurs et leurs critiques à la Librairie Decitre 6 Place Bellecour, 69002 LYON

Signature des œuvres des artistes et rencontre avec le public

HOMENAJE AL POETA FERNANDO ORTIZ0 comentarios / ¡comenta!


El martes 16 de febrero, el Centro Andaluz de las Letras ofrece en la Biblioteca Pública de Sevilla “Infanta Elena”, a las 20 horas, un merecidísimo Homenaje al poeta Fernando Ortiz como reconocimiento a toda una vida entregada a la poesía. Desde aquí nos unimos al Homenaje con un texto elaborado para la ocasión y otro del poeta Javier Salvago. Y aprovechamos para recomendar la lectura del volumen Vieja amiga (Editorial Almuzara), en el que se recoge toda su poesía.

MANUEL ÁNGEL VÁZQUEZ MEDEL:

FERNANDO ORTIZ, AMISTAD Y POESÍA A LO LARGO

Conocí a Fernando Ortiz en la segunda mitad de la década de los setenta, en plena transición democrática. Coincidimos en no pocas de aquellas batallas por la libertad mas auténtica, por la cultura y –de manera nunca localista- por la defensa de una Andalucía abierta a lo universal. También, en nuestra absoluta fe por la Poesía. Fueron muchas las conversaciones que pudimos mantener en esa atalaya privilegiada que fue el Paseo de Colón, epicentro de la Gran Enciclopedia de Andalucía. Y, más de una tarde, mientras el sol se ponía sobre Triana, reflejando sus últimos rayos sobre el Guadalquivir, pudimos hablar de Herrera, Blanco White y Juan Ramón, de Dacarrete y Pongilioni, de la necesidad de reivindicar la importancia del grupo Cántico y Pablo García Baena, de José Antonio Muñoz Rojas o de Antonio Carvajal… Y Fernando tuvo mucho que ver con la inclusión generosa en la GEA de poetas que por entonces publicaban sus primeros libros, como Felipe Benítez Reyes o Francisco Bejarano.

Comenzaba Fernando su navegación poética con una Primera despedida que ya nacía madura, con un acento propio forjado, como debe ser, en diálogo fecundo con las grandes presencias que libremente hemos elegido en la tradición literaria universal. En su caso, esos nombres -con los que se liberaba de lo que Harold Bloom denomina La angustia de las influencias- eran más que sólidos para insertarle en una corriente creadora bien definida: Arguijo y Medrano, Bécquer –y ya desde entonces los prebecquerianos-, los Machado –sobre todo Antonio con su sentido de la temporalidad y su acento elegíaco (se canta lo que se pierde), pero también Manuel con ciertos trazos de la poesía popular andaluza más profunda y su sentido de la ironía-, Juan Ramón Jiménez –pasión compartida sobre el que yo ya preparaba mi Tesis de Licenciatura sobre las Baladas de Primavera-, Luis Cernuda, cuya poesía comencé a gustar de otro modo a partir de las siempre sutiles observaciones de Fernando. También, gracias a él, pude descubrir a Gil de Biedma, apasionarme por el T.S. Eliot de los Four Quartets (y pasados los años, por Old Possum’s Book of Practical Cats, que con tanto acierto tradujera su hija Regla) o por los Cánticos de Ezra Pound…

Fernando Ortiz tuvo un papel fundamental en la aventura de Calle del Aire, que situó a Gil Albert en el lugar que le corresponde en nuestra poesía, al tiempo que ofreció hermosas ediciones de nombres imprescindibles en la historia poética de la segunda mitad del siglo XX. Pocas iniciativas culturales de entonces fueron tan justas y acertadas. Entre esos nombres aparecen muchos de los que Fernando encuadraría en La estirpe de Bécquer, espléndido ensayo cuya primera edición en Fin de Siglo tuve el honor de presentar junto a Soledad Becerril, y cuya segunda y definitiva animé en la Biblioteca de la Cultura Andaluza.

La labor crítica y periodística de Fernando nunca ha estado separada de su lenta y minuciosa tarea poética, que siempre ha respondido a la consigna de Goethe, que hiciera suya Juan Ramón: “como el astro, sin precipitación y sin descanso”. Fernando Ortiz vio reconocida la elegancia y sabiduría de una escritura que se había forjado en la admiración de González Ruano, al recibir el Primer Premio Andalucía de Periodismo.

Los mejores artículos de aquellos años están recogidos en El elefante en la cristalería, obra que también tuve el honor de presentar junto a Jesús Aguirre, Duque de Alba, quien destacó la altura vigorosa de la expresión y la agudeza con que Fernando abordaba los temas más diversos.

Tras El elefante vendría Sevilla y los sevillanos, en la que las elegantes prosas (llenas de auténtica poesía) nos ofrecen una mirada distinta de una ciudad excesivamente confinada en sus tópicos, que merece ser sorprendida desde nuevas perspectivas.

Verso y glosa, Contraluz de la lírica, y Apuntes autobiográficos y otros papeles son muestras indudables de la sagacidad crítica de uno de los mejores lectores de la poesía actual, condición –bien lo sabemos por Borges, quien se sentía más orgulloso de lo que había leído que de lo que había escrito- casi más difícil que la de buen poeta con la que es hoy reconocido por tirios y troyanos Fernando Ortiz.

Al tiempo, iba trazando con solidez un camino propio en la expresión poética: tras Primera despedida fueron llegando Personae, Vieja amiga, Marzo, Recado de escribir, El verano, Moneditas, Posdata y Galería de Espejos. He tenido el privilegio de verle escribir la hermosa sextina “Llave de niebla”, de oír por primera vez “Retamar” –“Tienes estrellas en la frente”- a su regreso de un viaje a Almería, o esa “Vieja amiga” ajena y extraña que es la vida y que da título a su obra completa… Y nunca sabrá Fernando la profunda admiración que siento cuando una llamada telefónica suya me sorprende con un nuevo poema.

He tenido ocasión de disfrutar de esa generosidad de Fernando que tan acertadamente recordara Javier Salvago: a él debo la publicación de mi Fernando de Herrera: Poesía y Poética en Narcea, y siempre que he acudido a él para ver si valía la pena alguno de mis poemas, he recibido no sólo palabras de aliento, sino sabios consejos que han mejorado los versos.

Y así –con paréntesis e intervalos, pero sobre la continuidad de un afecto inquebrantable- hemos construido una sólida amistad de más de tres décadas, el mismo tiempo de su vida pública como poeta.

No puedo sino reiterar aquí lo que he manifestado en muchas ocasiones: que la obra poética (en prosa y verso), crítica y periodística de Fernando Ortiz está llena de inteligencia poética, de autenticidad, originalidad e independencia de espíritu. Por ello, merecedora de este tan justo homenaje.

Manuel Ángel Vázquez Medel

JAVIER SALVAGO SOBRE FERNANDO ORTIZ

Muchas veces lo he oído proclamarse, con su habitual socarronería, como el mejor poeta sordo de su calle. Pero doy fe de que de sordo, nada; tiene un oído poético agudísimo -que ese es el oído que importa, tratándose de un poeta-, aunque para escuchar los ruidos y las majaderías de la vida diaria use audífono.

Fernando Ortiz es uno de los poetas andaluces más importantes de este y de cualquier tiempo. Su sitio -gracias a una espléndida obra poética, como la que se recoge en su volumen de poesías completas Vieja amiga, editado por Almuzara- está entre los Machado, Bécquer, Cernuda, y todos esos inmensos poetas a los que nuestro poeta venera y ha venerado siempre como maestros.

Sé que a él le parecerá excesiva esta afirmación. Soy testigo del profundo respeto que siente por estos y por otros grandes poetas, que para él juegan sin duda en otra división. Pero yo creo que la división es la misma, la primera, que es donde juegan los poetas auténticos que son reflejo del tiempo que les tocó vivir y que aportan algo nuevo y personal a la tradición poética. Y Fernando es de estos.

Yo les invito a leer el citado volumen de poesías completas de Fernando. Lo primero que tendrán que admitir es la solidez de la obra que ahí se encierra, el conocimiento del oficio, el dominio de las formas y de la métrica, el cuidado exquisito de la prosodia, la impecable realización de cada poema: ni una sílaba de más, ni un acento mal colocado, ni una palabra que sobre o que no sea la justa.

Lo segundo atañe al fondo, y ahí tendrán que reconocer la autenticidad del testimonio, la valentía, la inteligencia, el sentido común… Fernando sabe que la poesía es diálogo sincero con uno mismo para conocerse mejor y conocer mejor la vida y el mundo, y sabe que no puede mentir, ni siquiera poéticamente, porque mentir, exagerar, dar informes falsos, sería engañarse a sí mismo y traicionar a la poesía. Y Fernando ama demasiado la poesía para traicionarla.

No creo que existan ni hayan existido muchos poetas con más vocación que Fernando Ortiz. Desde que descubriera, de niño, en la biblioteca familiar, las Rimas de Bécquer y otros libros que le señalaron su destino de poeta, no tuvo duda de cuál era el sentido más claro de su vida. Los estudios y el trabajo lo llevaron a Madrid, en su juventud, pero no descansó hasta conseguir que sus superiores lo trasladaran a Sevilla, aunque para ello tuvieran que inventarse un puesto que no existía. Fernando necesitaba vivir en Sevilla porque pensaba que sólo aquí encontraría su centro y un trabajo que no le agobiase demasiado y le permitiera dedicarse a su verdadera vocación. De quedarse en Madrid, probablemente hubiese hecho carrera en TVE y hubiese tenido un sueldo millonario. Pero, como dijo Jesús de Nazaret, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo si pierde su alma? Fernando tenía claro que su alma era la poesía y se dedicó con pasión casi exclusiva a ella.

En Sevilla, su poesía se fue desnudando de artificios y modernidades y haciéndose más directa. Acabó de quitarse la máscara en Personae y se enfrentó a cara descubierta a la Vieja amiga. Ahí nos encontramos ya con el mejor y el más personal Fernando Ortiz, el que sabe que la juventud pasó, y eso que tienes / es lo que llaman madurez los necios.

A partir de Vieja amiga, cada nuevo libro de Fernando Ortiz supone un paso no hacia delante ni hacia arriba, sino hacia dentro, hacia su fondo -como quería Juan Ramón, más hondo, la depuración constante de lo mismo- hasta llegar a las terribles profundidades de esa colección de durísimos poemas de Recado de escribir, donde el ajuste de cuentas del poeta con el hombre es descarnado.

Fernando entra en él mismo, como se aconseja en el último verso del poema Tarde de primavera, y las imágenes que ve son terribles: la muerta no abrió a tiempo las piernas / y eyaculé fuera… dos hombres fornicaban en la taza del váter… y la mujer desnuda y muerta era mi madre… Versos durísimos con los que Fernando demuestra que la poesía no es un juego de pusilánimes, que exige valentía, verdad y libertad interior:

Nos exige, en principio, libertad interior

-y esto es sentirse ajeno y excluido,

primero ante uno mismo, también ante los otros-.

En él no existe el triunfo, ni la gloria, ni tan siquiera la literatura,

y lo que los demás toman por éxito suele ser el fracaso.

El precio de este oficio es malvivir;

ya que, quien lo ejercita,

coloca su interés en valores de muy rara demanda…

Fernando Ortiz, el mejor poeta sordo de su calle, que no es sordo para la poesía, aunque para los ruidos y las majaderías de la vida diaria use audífono, es un poeta auténtico, de verdad, que ha apostado lo mejor de sí mismo a la poesía, esperando tal vez que la poesía le descubriera y le devolviera su mejor yo. Y su mejor yo está sin duda en su poesía.

Cuando terminen de leer Vieja amiga, el volumen de Almuzara que recoge la poesía casi completa de Fernando Ortiz, déjenlo en la estantería junto a los libros de Bécquer, Manuel y Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda…, y pregúntense si desmerece. Yo estoy convencido de que no.

IMPORTANCIA DE LA LECTURA0 comentarios / ¡comenta!

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2010.01.21 Islas al sur de todo MAVM0 comentarios / ¡comenta!

creta-isla

Islas al sur de todo.

Con el tiempo he sabido que las olas

nunca vienen ni van; que no regresan.

Y repiten sus danzas milenarias

como un fuego de agua que se eleva

hasta el cielo infinito.

Las olas que circundan

islas al sur de todo.

Manuel Ángel Vázquez Medel

2010.01.04 “Papel amado: / Memoria vegetal / de la palabra”. MAVM0 comentarios / ¡comenta!

papel

Papel amado:

Memoria vegetal

de la palabra.

Manuel Ángel Vázquez Medel

UN POEMA DE BORGES CON MÚSICA DE PIAZZOLA0 comentarios / ¡comenta!

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http://catalogo.musicalizando.com/poema.php?CatalogoII=1121&id_cancion=1137

CATS Y T. S. ELIOT0 comentarios / ¡comenta!

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Jellicle Cats

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JELLICLE SONG FOR JELLICLE CATS

Are you blind when youand’re born? can you see in the dark?
dare you look look at a king? would you sit on his throne?
can you say of your bite that itand’s worse than your bark?
are you cock of the walk when youand’re walking alone?
Because jellicles are and jellicles do
jellicles do and jellicles would
jellicles would and jellicles can
jellicles can and jellicles do
When you fall on your head, do you land on your feet?
are you tense when you sense thereand’s a storm in the air?
can you find your way blind when youand’re lost in the street?
do you know how to go to the heaviside layer?
Because jellicles can and jellicles do
jellicles do and jellicles can
jellicles can and jellicles do
jellicles do and jellicles can
jellicles can and jellicles do
Can you ride on a broomstick to places far distant?
familiar with candle, with book, and with bell?
were you whittingtonand’s friend? the pied piperand’s assistant?
have you been an alumnus of heaven and hell?
Are you mean like a minx? are you lean like a lynx?
are you keen to be seen when youand’re smelling a rat?
were you there when the pharoahs commissioned the sphinx?
if you were, and you are, youand’re a jellicle cat
Jellicle songs for jelllicle cats
jellicle songs for jelllicle cats
jellicle songs for jelllicle cats
jellicle songs for jelllicle cats
jellicle songs for jelllicle cats
We can dive through the air like a flying trapeze
we can turn double somersaults, bounce on a tire
we can run up a wall, we can swing through the trees
we can balance on bars, we can walk on a wire
Jellicles can and jellicles do
jellicles can and jellicles do
jellicles can and jellicles do
jellicles can and jellicles do
jellicle songs for jellicle cats
jellicle songs for jellicle cats
jellicle songs for jellicle cats
jellicle songs for jellicle cats
Can you sing at the same time in more than one key?
duets by rossini and waltzes by strauss?
and can you (as cats do) begin with a and’cand’?
that always triumphantly brings down the house?
Jellicle cats are queen of the nights
singing at astronomical heights
handling pieces from the and’messiahand’
hallelujah, angelical choir
The mystical divinity of unashamed felinity
round the cathedral rang and’vivatand’
life to the everlasting cat!
feline, fearless, faithful and true
to others who do-what
Jellicles do and jellicles can
jellicles can and jellicles do
jellicle cats sing jellicle chants
jellicles old and jellicles new
jellicle song and jellicle dance
jellicle songs for jellicle cats
jellicle songs for jellicle cats
jellicle songs for jellicle cats
jellicle songs for jellicle cats
Practical cats, dramatical cats
pragmatical cats, fanatical cats
oratorical cats, delphicoracle cats
skeptical cats, dispeptical cats
romantical cats, pedantical cats
critical cats, parasitical cats
allegorical cats, metaphorical cats
statistical cats and mystical cats
political cats, hypocritical cats
clerical cats, hysterical cats
cynical cats, rabbinical cats
Jellicle songs for jellicle cats
jellicle songs for jellicle cats
jellicle songs for jellicle cats
jellicle songs for jellicle cats
jellicle songs for jellicle cats
Thereand’s a man over there with a look of surprise
as much as to say well now how about that?
do i actually see with my own very eyes
a man whoand’s not heard of a jellicle cat?
whatand’s a jellicle cat? whatand’s a jellicle cat?

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Memory

Daylight
See the dew on the sunflower
And a rose that is fading
Roses whither away
Like the sunflower
I yearn to turn my face to the dawn
I am waiting for the day . . .

Midnight
Not a sound from the pavement
Has the moon lost her memory?
She is smiling alone
In the lamplight
The withered leaves collect at my feet
And the wind begins to moan

Memory
All alone in the moonlight
I can smile at the old days
I was beautiful then
I remember the time I knew what happiness was
Let the memory live again

Every streetlamp
Seems to beat a fatalistic warning
Someone mutters
And the streetlamp gutters
And soon it will be morning

Daylight
I must wait for the sunrise
I must think of a new life
And I musn’t give in
When the dawn comes
Tonight will be a memory too
And a new day will begin

Burnt out ends of smoky days
The stale cold smell of morning
The streetlamp dies, another night is over
Another day is dawning

Touch me
It’s so easy to leave me
All alone with the memory
Of my days in the sun
If you touch me
You’ll understand what happiness is

Look
A new day has begun

MIGUEL POVEDA CANTA A LORCA0 comentarios / ¡comenta!

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MIGUEL POVEDA CANTA A LORCA

Soneto de la dulce queja

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

Federico García Lorca

Sobre Manuel Ángel Vázquez Medel
Blog sobre Estudios Culturales, Creatividad y Comunicación. Un ámbito multidisciplinar para la buena literatura, el pensamiento crítico y el altermundialismo, en el marco de la Teoría del Emplazamiento. Os invitamos, desde aquí, a la red "Gaudium essendi: El gozo de ser". Una red para transformar nuestro mundo: http://gaudium.ning.com/ Para impulsar nuevas formas de pensar, nuevas formas de sentir y nuevas formas de actuar para una nueva humanidad planetaria.
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