
En su última sesión de 2008, el Claustro de la Universidad de Sevilla aprobó, a propuesta de la Facultad de Comunicación, el nombramiento como Doctor Honoris Causa del intelectual, narrador, comunicólogo y semiólogo Umberto Eco.
El acto de investidura será uno de los momentos culminantes de este año 2009 en el que se celebra el XX Aniversario de la Facultad de Comunicación y que también ha sido considerado “Año de la Comunicación en Sevilla” por coincidir con el Centenario de la Asociación de la Prensa de Sevilla y el XX Aniversario del comienzo de las emisiones de Canal Sur TV.
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SOBRE UMBERTO ECO
Crítico literario, semiólogo y novelista italiano nacido el 5 de enero de 1932 en Alessandria (Piamonte). Licenciado en Filosofía por la Universidad de Turín, se gradúa en 1954 y a partir de ese año es profesor de estética y semiótica en las Universidades de Milán, Bolonia, Florencia y Turín. Desde 1971 ejerce su labor docente en la Universidad de Bolonia, donde ostenta la cátedra de Semiótica.
Se da a conocer a partir de su tesis El problema estético en Santo Tomás de Aquino (1956) dirigida por el especialista en estética, impulsor de la “teoría de la formatividad”, Luigi Pareyson. De hecho su interés por la filosofía tomista y la cultura medieval se hace más o menos presente en toda su obra, hasta emerger de manera explícita en su novela El nombre de la rosa.
Se pueden definir dos presupuestos clave en la amplia producción del autor: en primer lugar, el convencimiento de que todo concepto filosófico, toda expresión artística y toda manifestación cultural, de cualquier tipo que sean, deben situarse en su ámbito histórico; y en segundo lugar, la necesidad de un método de análisis único, basado en la teoría semiótica, que permita interpretar cualquier fenómeno cultural como un acto de comunicación regido por códigos y, por lo tanto, al margen de cualquier interpretación idealista o metafísica.
Teniendo en cuenta este planteamiento, se puede comprender el porqué de la variedad de los aspectos analizados por Umberto Eco, que abarcan desde la producción artística de vanguardia, como en Obra abierta (1962), hasta la cultura de masas, como en Apocalípticos e integrados (1964) o en El superhombre de masas (1976).
A la sistematización de la teoría semiótica dedicó, sobre todo, el Tratado de semiótica general (1975), publicado casi al mismo tiempo en Estados Unidos con el título de A Theory of Semiotics, obra en la que el autor elabora una teoría de los códigos y una tipología de los modos de producción sígnica.
Durante los años del auge del estructuralismo, Eco escribió, enfrentándose a una concepción ontológica de la estructura de los fenómenos naturales y culturales, La estructura ausente (1968), que alcanza su óptima continuación en Lector in fabula (1979). En esta última obra, efectivamente, se afirma que la comprensión y el análisis de un texto dependen de la cooperación interpretativa entre el autor y el lector, y no de la preparación y de la determinación de unas estructuras subyacentes, fijadas de una vez por todas.
Algunos conceptos básicos del Tratado, en cambio, fueron estudiados nuevamente, discutidos y, en ocasiones, modificados por el propio autor en una serie de artículos escritos para la Enciclopedia Einaudi y recogidos después en Semiótica y filosofía del lenguaje (1984). El concepto de signo, especialmente, abandonando el modelo propio “de diccionario” por un modelo “de enciclopedia”, ya no aparece como el resultado de una equivalencia fija, establecida por el código, entre expresión y contenido, sino fruto de la inferencia, es decir, de la dinámica de las semiosis. En tal sentido, Umberto Eco ha ido impulsando las más estimulantes aportaciones de la semiótica hermenéutica o inerpretativa, así como el nexo entre semiótica y ciencias de la cognición.
Al mismo tiempo que sus trabajos teóricos sobre el análisis de los signos y los significados ha influido y creado escuela en círculos académicos, Eco se ha hecho popular a través de dos novelas, El nombre de la rosa (1981) una historia detectivesca que se desarrolla en un monasterio en el año 1327, llevada al cine en 1986 por el director francés Jean-Jacques Annaud, en la que aúna a su erudición, la fuerza narrativa de una sensibilidad que para muchos poco tiene que ver con el rigor académico de sus obras anteriores, y El péndulo de Foucault (1988), una fantasía acerca de una conspiración secreta de sabios, construida en torno a temas esotéricos y desde una perspectiva ideológica, propicia una revaloración del arte narrativo del siglo XX. Estas novelas se basan en los amplios conocimientos que Eco ha ido adquiriendo sobre filosofía y literatura.
En 1995 se publica su novela La isla del día de antes y en 1998 Cinco escritos morales. En 2001 publicó la novela Baudolino.
En febrero de 2000 creó en Bolonia la Escuela Superior de Estudios Humanísticos. La ‘Superescuela’, como se la conoce ya en Italia, es una iniciativa académica sólo para licenciados de altísimo nivel destinada a difundir la cultura universal. También es secretario (y fundador desde 1969) de la Asociación Internacional de Semiótica.
Es Doctor Honoris causa por 25 universidades de todo el mundo, entre ellas, la Complutense (1990), la de Tel Aviv (1994), la de Atenas (1995), la de Varsovia (1996), la de Castilla-La Mancha (1997) y la Universidad Libre de Berlín (1998). Posee numerosos premios y condecoraciones, como la Legión de Honor de Francia.
En 2000, le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias, según el jurado, por su calidad intelectual en el ámbito de la comunicación y de las humanidades así como por su destacada labor como semiólogo y analista crítico de los medios de comunicación.
Recientemente ha publicado en español Historia de la belleza (2004) y La misteriosa flama de la reina Loana (2005).
Su última obra traducida en castellano es Historia de la fealdad (2007), en la que después de Historia de la belleza, Eco se sitúa en el polo opuesto, ya que para la comprensión de las ideas estéticas a través de los tiempos no basta con una historia de la belleza, hace falta también una historia de la fealdad.